Por qué el tipo de obesidad que tienes va a definir tu riesgo cardiovascular

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Las cifras de sobrepeso y obesidad se disparan. Según la OMS, ya hay más de 700 millones de personas con este problema —el triple que en 1975—, y cada año mueren por su causa más de 2,8 millones. En nuestro país, el 22% de los adultos presenta obesidad. “Esta se produce por la acumulación excesiva en el organismo de energía en forma de grasa”, explica la doctora Catheline Lauwers, jefa de Cardiología de Quirónsalud Valencia. “Hablamos de obesidad cuando el índice de masa corporal, que es un parámetro que relaciona el peso y la talla, supera 30 kg por metro cuadrado”.

Aun cuando a menudo se tiende a pensar que se trata de un ‘problema estético’, lo cierto es que esta enfermedad se relaciona con numerosos trastornos de salud, desde la diabetes a la hipertensión, así como con un riesgo elevado de sufrir un problema cardiovascular.

Foto: Foto: iStock. Cómo saber si el corazón se ha recuperado bien de un infarto de miocardio

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En cuanto a sus causas, la especialista señala que “existe un componente hereditario y otro que depende del estilo de vida que se lleve; este último está condicionado por la alimentación y la práctica de actividad física”. Los hijos de padres obesos tienen, a su vez, mayor riesgo de que sus hijos padezcan obesidad, tanto por las tendencias metabólicas de la acumulación de grasa como por los hábitos culturales y alimenticios socialmente adquiridos en su entorno.

En nuestros días puede parecer paradójico, pero la alta proporción de personas con tendencia a la obesidad se debe a una ventaja evolutiva: tener más capacidad para almacenar grasa en las temporadas de abundancia era sumamente útil para luego sobrevivir a las hambrunas. Estos genes ‘ahorradores’ interactúan en la actualidad en una sociedad atiborrada de alimentos, en la que no se alternan periodos de abundancia con otros de escasez, lo que la propicia.

Foto: Freepik.

A eso debemos sumarle que, en las últimas décadas del siglo XX, la actividad física ha ido disminuyendo progresivamente y el individuo se ha vuelto mucho más sedentario. Además, se ha generalizado el consumo de alimentos ultraprocesados y la comida rápida. Estos dos factores han dado lugar a un preocupante incremento de la obesidad infantil.

Además de factores ambientales y genéticos, explica la doctora Lawers, “existen algunas enfermedades que causan obesidad, como alteraciones hormonales o endocrinas que, en la mayoría de los casos, se pueden tratar. El consumo de algunos medicamentos y la existencia de enfermedad mental también pueden predisponer a la obesidad”.

La clave está en la barriga

Como decíamos, la obesidad se asocia a un incremento importante del riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares. Por ello, continúa la especialista, “mantener el peso dentro de unos límites razonables es muy relevante para el normal funcionamiento del corazón, los vasos sanguíneos, el metabolismo, los huesos y otros órganos de nuestro cuerpo”.

En este sentido, es fundamental conocer dónde se centra el problema. Si la grasa se acumula en glúteos, muslos y brazos se considera periférica o ginoide; si, por el contrario, se concentra en el abdomen es central o androide. También cómo influye el perímetro abdominal, una medida antropométrica que permite determinar la grasa acumulada en el cuerpo: en la mujer es de 88 centímetros y en el hombre, de 102 centímetros. “Si en una persona con exceso de peso este es menor que los valores mencionados, se habla de obesidad periférica, mientras que se habla de central cuando el perímetro abdominal es mayor”, continúa la doctora Lawers. “Esta última tiene peores consecuencias para el metabolismo, ya que favorece el desarrollo de diabetes. Además, quienes la padecen tienen altas posibilidades de acumular grasa también en otros órganos vitales, lo que favorece la aparición de enfermedades cardiovasculares”.

Foto: iStock.

Por ejemplo, las personas obesas suelen tener asociados otros factores de riesgo cardiovascular como la hipertensión arterial. “De hecho, se estima que la hipertensión es 2,5 veces más frecuente en los obesos que en las personas de peso normal”.

El exceso de adiposidad visceral se encuentra asociado a múltiples disfunciones metabólicas, tales como resistencia a la insulina; dislipemia, aumento de colesterol y de triglicéridos, aterosclerosis; hipertensión arterial e inflamación endotelial. Y como consecuencia, los pacientes con obesidad tienen mayor riesgo de sufrir un infarto, angina de pecho o ictus; insuficiencia cardiaca o renal, y fibrilación auricular o trombosis venosa, que obligan a estar anticoagulado.

En definitiva, la obesidad es una enfermedad crónica de carácter multifactorial, que ha alcanzado proporciones epidémicas a nivel global. “La clave para mantener un peso adecuado se basa en el estilo de vida. Lo ideal es practicar una dieta cardiosaludable y realizar ejercicio físico de forma regular”, concluye la especialista.

*El Confidencial, en colaboración con Quirónsalud, presenta una serie de artículos con información práctica, consejos y recomendaciones para practicar deporte que mejore nuestra salud y bienestar. Si tienes alguna duda sobre esta temática o quieres más información, puedes contactar con el Hospital Quirónsalud Valencia


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